Thursday, December 09, 2004

LA ÓPERA DE LAS BALLENAS

Las ballenas azules de los mares cercanos al Polo Sur tienen una costumbre muy peculiar. Cuando están embarazadas, se marchan de veraneo. Abandonan las heladas costas de la Antártica y se van nadando entre témpanos de hielo en busca de mares mas cálidos. Así llegan a las relativamente tibias aguas del sur de África para, luego de 12 meses de embarazo, parir sus cachalotes y dedicarse por entero al cuidado de sus crías. Por eso desde junio hasta noviembre, los meses mas fríos del hemisferio sur, no es extraño verlas con sus hijos disfrutando de su estancia en África y nadando tranquilamente a lo largo de la ribera.

Quizás sea la profundidad de las aguas, la suavidad de la corriente marítima o la abundancia de algas en la zona. Lo cierto es que uno de los lugares favoritos de los grandes cetáceos para amamantar a sus crías y ayudarlas a desenvolverse en el inmenso mundo marino son los alrededores de Hemanus, una pequeña población junto a la Walker Bay, a unos 60 kilómetros al este de Ciudad del Cabo.

Y precisamente hacia allá nos dirigimos una mañana en que las nubes cubrían la cima de la Table Montain, la majestuosa montaña en forma de mesa que se alza como un gigantesco telón de fondo sobre la que es, sin duda, la urbe más linda del continente. Salimos de Ciudad del Cabo por modernas carreteras y fuimos atravesando gigantescas montañas y monumentales valles, hasta que pudimos divisar una mancha azul en el horizonte. Era la hermosa Walker Bay, cuyas playas son bañadas por el Océano Índico.

Así llegamos al pintoresco pueblo de pescadores que ya no vive de la pesca, sino del turismo.

Los pobladores de Hermanus han cambiado el viejo oficio de los anzuelos y las redes por el del comercio y la gastronomía. En vez de un arpón para cazar las ballenas, ahora utilizan una singular trompeta en forma de cuerno con la que anuncian a los visitantes en qué lugar de la costa es más fácil contemplar ese día a los gigantescos mamíferos marinos.

Mi primera impresión al tratar de descubrir las ballenas en la bahía, fue la de un profundo descontento. A pesar de haber llevado un par de prismáticos y haber escrutado el horizonte durante más de media hora, no pude divisar ningún rastro que me delatara la presencia de los grandes cetáceos… y cuando mis ojos se cansaron de mirar, mis oídos fueron sorprendidos por un extraño sonido. Creí que era una trampa de los sentidos, pero al darme una vuelta hacia el lugar de donde provenía aquello que tan poderosamente llamó mi intención, mis ojos me corroboraron que mis oídos no mentían.

Sobre un montículo, muy cerca de las rocas donde estaban agazapados los turistas en busca de alguna pista que los condujera hasta las ballenas, un negrito de unos doce años de edad cantaba a todo pulmón la canción Oh sole mio con perfecta voz de tenor. Allí en pleno fin de África un redoblar de tambores, una música folklórica o un movido baile a los dioses de la sabana, cantado en la lengua de los ancestros de las viejas tribus, no me hubiera sorprendido. Sin embargo un fragmento de ópera en aquellas latitudes, salido de los gruesos labios de aquel muchacho de ropas gastadas, era algo tan insólito como agradable. Aquel niño de piel oscura y pelo encaracolado cantando en la orilla me recordaba la historia de un gran orador griego que, como era gago y de poca voz, se ponía a declamar discursos frente al mar para desafiar con su garganta el ruido del viento y de las olas. Y aquel joven helénico no solo pudo vencer la naturaleza, sino también el olvido, y aún hoy a Demóstenes se le recuerda por su lenguaje elocuente, sus palabras certeras y la claridad de sus ideas.

En el caso de aquel improvisado cantante de ópera africano, la historia también era muy singular. Cuentan que en los tiempos de la abolición del Apartheid en Sudáfrica, una sirvienta negra de los alrededores de Hermanus recibió de sus patrones blancos, a modo

de regalo, partituras y discos de música clásica. Ella tenía un hijo pequeño, el cual creció rodeado de las melodías de Vivaldi, Mozart y Beethoven, en abierto contraste con los bailes y ritmos de las tradiciones africanas. Con el tiempo el niño descubrió también sus aptitudes para el Bel Canto y empezó él mismo a cantar esas viejas composiciones importadas de la lejana Europa. Como era tan pobre, comenzó a ganarse su sustento en La Roca de las Ballenas, adonde iba todos los días para cantarles a los turistas a cambio de algunas monedas que recogía en su gorra a modo de propina.

Un día el pequeño tenor fue escuchado por un director de ópera que había venido hasta Hermanus a contemplar las ballenas. El músico quedó maravillado de las cualidades vocales del negrito y no solo lo incitó a seguir cantando, sino que lo llevó al conservatorio de Ciudad del Cabo, donde el hijo de la sirvienta obtuvo una esmerada educación para convertirse posiblemente en el primer cantante de ópera negro en Sudáfrica.

La noticia corrió como pólvora por toda la nación y los periódicos del sur del continente no hablaron de otra cosa durante mucho tiempo, hasta convertir aquel hecho tan inusual en una leyenda. Si bien una historia similar no ha vuelto a ocurrir, la esperanza ha echado profundas raíces en los corazones infantiles de un país donde si bien ahora los negros tienen el poder político, los blancos aún ostentan el poder económico. Las escuelas en Sudáfrica son públicas y gratuitas; sin embargo, las universidades y otros centros de altos estudios son privados, y por ello están muy lejos del alcance de los pobres.

Desde entonces todos los días del año, haya ballenas o no, nunca faltan dos o tres negritos que estrenen sus cuerdas vocales junto a las rocas de la bahía. Lo hacen no tanto para desafiar el viento y las olas con su voz o para recibir algunas monedas de los turistas, sino a la espera de ser descubiertos por algún cazador de talentos musicales que les posibilite recibir una buena educación y dar el gran salto hacia la fama y la fortuna.

Me acerqué a los tres negritos que estaban cantando ese día y le di dos monedas a cada uno. Me dieron las gracias con la alegría de haber ganado algo durante la jornada y con el desencanto de que yo no fuera un afamado director de ópera que cumpliera sus más atrevidos proyectos. En todo caso creo que es mucho mejor estimular el que sueñen con un conservatorio de música clásica y no a que se dediquen al robo y a las drogas, que desgraciadamente están tan difundidos entre la población negra de Sudáfrica.

Deje atrás a los nuevos tres tenores, los cuales siguieron con su improvisado concierto, y abandoné mi punto de observación. Mis pensamientos ahora volaban en otras direcciones, y preferí salir a dar una caminata a lo largo del litoral mientras que a mis oídos aún llegaban las voces infantiles que se imponían sobre el murmullo de los visitantes, el silbar ciego del viento y el bramar infinito de las olas. Mientras caminaba, me di cuenta de que paralelas a mí, a solo unos 20 metros de la costa, nadaban suavemente una enorme ballena azul y su pequeña cría.

Diciembre 2004

3 Comments:

At 12:06 PM, Anonymous Nemo said...

Muy bueno todo lo que escribes, he disfrutado con su lectura. Sino fuese porque estamos en el siglo XXI, diriase que eres un cronista de viajes del siglo XIX, al menos el mismo espiritu viajero,curioso y con la capacidad de asombro intacta te posee. Enhorabuena !!

Te cuento algo relativo a las ballenas, quizás lo sepas. Si más no deja de ser interesante. Las ballenas emiten unos sonidos en una onda vibratoria determinada o ferecuencia, que algunos cientificos han identificado como una especie de "canciones". Y parece ser que cada año cambia esa canción, pasa como con los humanos :), pero lo curioso es que: ballenas de diferentes hemisferios, alejadas por miles de kilometros, sin ningún contacto entre ellas, acaban interpretando la misma melodía.

Y todo aquel que tenga oportunidad, debería oir alguna vez el canto de las ballenas, transporta a lo profundo.
Es como tu título sugiere, toda una opera.

 
At 3:10 PM, Blogger REINALDO CEDEÑO PINEDA said...

Sr mío
Egipto siempre me ha capturado, Y los relatoss. Permitame felicitarle. Tambien me lei la öpera de las Ballenas. Lirismo, fuerza e imaginación

No tengo su mail, pero espero me escriba a escribanode@gmail.com. Quiero ser su amigo, estoy en Cuba
Y le invito avisitar mis páginas:

laislaylaespina.blogspot.com

laisladelolimpo.blogspot.com

No sé si será un atrevimiento, pero ya he recomendado con links su página. Sería un honor usted hiciera igual con la mía, tras visitarla y si lo considera.
Tendrá en mi a un fiel lector
un abrazo
Reinaldo Cedeño

 
At 9:49 AM, Blogger Amparo said...

No puedo dejar comentarios en todos, como quisiera, pero este es bellísimo.
¡Salvemos las ballenas!
No dejes de visitar verbiclara.nireblog.com
Felicidades. TTT

 

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